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Poema del Tigre
Casita, gacha y ribereña, cerca de las aguas olvidadas,
bote imberbe, paleando en la oscura compañía
del río, ah delta del Tigre; tus olitas de sol
se aman en la madrugada.
Atardecer; bajo y pesado sobre los rostros
envueltos en los relojes cotidianos. Trozos
intermitentes de memoria, entre el sólido frío
de la noche que descansa en los rocíos tiritantes.
Mañana radiante, azul; y a lo lejos
una lancha, con el horizonte de opaco vapor
entre luengas orillas, que acunan
el sueño majestuoso de fatuos muelles,
hartos del tiempo. Colores de melancolía
y de crepúsculo. Ruido de motor
en la estela desolada, desangrando
espuma sucia. Y las hogueras joviales
en la linde del río, ah delta del tigre;
y tu púber murmullo erótico; y el resplandor
festivo en las miradas juveniles,
donde el pasado todavía no ha pasado.
Olores de mares dulces, azúcar y miel de barro.
Extraña serenidad bajo las noches
heladas en las lunas de la arena.
La lancha partía el río; igual que el hombre,
que ahora va separando en dos trozos
al niño que no muere en su corazón.
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